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21/03/2013 :: ENTREVISTA
“...no imaginamos la vida sin intervenir en la cultura, sin ser propositivos, sin ponernos en peligro”
Teatro independiente
Palabras de Jorge Varela y Daniela Fuentes. Responsables del Centro Cultural El Mascaviento Teatro que los próximos sábado 23 y domingo 24 de marzo presenta en el Teatro Municipal de Río Cuarto la exitosa comedia El inspector Bouvard contra el Rey de los Disfraces, basada en el radioteatro de Alejandro Dolina. Foto gentileza: Crystal Ship.
En ese marco el vuelo entrevistó a Jorge Varela y Daniela Fuentes para hablar no solo de la obra en cartelera, sino también de El Mascaviento como centro cultural y educativo, de los conceptos artísticos de sus producciones, del grupo Los 7 locos, entre otros temas.

1) ¿Qué le aportó a El MASCAVIENTO ser reconocido por el Instituto Nacional del Teatro (INT), después de 12 años de trabajo sin apoyos institucionales concretos?

En varios sentidos tiene valor ser parte de las Salas Independientes que reconoce el Instituto. Por una parte, es un correlato de la continuidad en la actividad, la calidad de los trabajos propios y de otros grupos que presentan sus obras desde hace muchos años, también un resultado de haber consignado 12 años de trabajo completamente autónomo, autosostenido. Hemos demostrado que pudimos construir una sala y un centro cultural, y equiparla, con el solo deseo y mucho laburo. Cuando decimos autónomo nos referimos a nosotros y todos los que sumaron, con mayor o menor permanencia, a ese nosotros a lo largo del tiempo, también el estar vivos como Centro Cultural tiene que ver con la necesidad de una parte de la comunidad que busca espacios de libertad, que pretende mirarse al espejo, recrearse, tomar un trago de aire fresco, sacudirse la modorra. El ser reconocidos nos aportó una ayuda para el sostenimiento de la sala y de los trabajos (en una amplia definición) que se desarrollan en este espacio. También para afianzar el vínculo con otros grupos y salas de la región. Es bueno formar parte de una red institucional de Salas Independientes, pero si no formáramos parte, igual seguiríamos vivos.


2) El MASCAVIENTO, además de un trabajo artístico vinculado a las artes escénicas, también funciona como un centro cultural y un centro educativo en lo teatral… ¿Hay prioridades en alguna de estas actividades? ¿Cuál es la proyección del mascaviento como espacio para este año?


No las pensamos como prioridades. Son unas con otras, o no son. Lo educativo es sustancial porque fue y es un espacio de búsqueda, de construcción, enormemente vital para muchos chicos, adolescentes y adultos. La dimensión educativa ha marcado, orientado y significado para muchos una elección de vida. Los talleres para quien los propone es una permanente puesta a punto de métodos, es una sorpresa y un desafío cotidiano, una “gimnasia” de la imaginación, un mutuo aprender. También los talleres son el entrenamiento actoral de quienes hoy producen sus obras en el grupo de teatro del Mascaviento, Los 7 Locos, con sus viejos y nuevos integrantes, recoge lo que siembra. Las clases nos permiten sostener económicamente el espacio, mejorarlo ediliciamente (es propicio destacar que se están realizando ampliaciones en la sala) y equiparlo cada vez más.

Lo artístico es el objeto de nuestros deseos. Es lo que nos disponemos a hacer cada vez que encaramos un proyecto actoral. Lo creativo tiene un objetivo ó muchos, solo se convierte en sí mismo cuando es con el otro. Necesitamos esa relación, lo necesitamos para vivir, no imaginamos la vida sin intervenir en la cultura, sin ser propositivos, sin ponernos en peligro. Tenemos para decir y lo decimos, en cada una de las obras que ponemos en escena.

Lo cultural? Todo lo anterior es un proceso de producción de sentido enormemente complejo, lleno de sujetos, de relaciones, de posiciones, si pensamos que la cultura es producción de sentido, somos un espacio cultural, y si escarbamos un poco más somos también un espacio contracultural. Desarmamos la cultura cada vez que ponemos en un primer plano cada gesto social para la construcción de un personaje o una situación, contraponemos la cultura cada vez que recordamos a nuestros espectadores que son los invitados a una ficción y que en la misma, todo es posible, todo, si nos dejamos “engañar” con las armas más limpias, el consentimiento explícito.

La cultura como producto, suele ser la máscara que envuelve, la regla que establece, el deber ser. El teatro, sea drama, comedia o lo que sea, cuando es ético, es siempre una ruptura de la máscara.

Para este año tenemos muchos proyectos, muchos ensayos, seguir con los talleres y con talleristas invitados, seguir con los colaboradores permanentes en la Sala, para la danza contemporánea Laura Veiga, Gastón Molayoli en el cine , Eliana Gómez en expresión corporal, Melina Demasi en Prensa, Jésica Cassán y Magalí Torres, y nosotros en los talleres de teatro. Este año nos hemos propuesto empezar una etapa de producción sostenida desde lo local, es decir, producir hechos teatrales de cualquier índole que le den a la Sala una programación permanente. Seguimos con “Pajaritos para el postre” , obra para niños y toda la familia, un poderoso trabajo que, situado allá lejos y hace tiempo sitúa en su más contemporánea actualidad temas como el poder de los jerarcas y el de los comunes, la injusticia, el medio ambiente, el amor… Se suman a la propuesta para niños otras tres obras en el 2013. Sigue Bouvard en cartel y se prepara en este momento una puesta más. Además, dos proyectos que comenzaremos a trabajar más adelante.

3) ¿Bouvard es una farsa o una comedia?

Nos gusta decir que es una farsa policíaca, en realidad al momento de diseñar este trabajo nos interesó que la transposición al teatro fuera efectiva, que divierta tanto como a nosotros. Luego los recursos o las modalidades de actuación son los que nos ha dado nuestra filosofía teatral que está hecha de tradiciones y también de descubrimientos nuestros (actores, directores y otros creadores, como son los técnicos).

Bouvard se mantendrá en cartelera hasta por lo menos mitad de año. Todavía queremos viajar con la obra, sacarla por Río Cuarto y la zona, llevarla a donde la gente está. Seguir haciendo docencia mientras hacemos teatro. Sin formalizarlo hemos construido una escuela del espectador. Es maravilloso ir por ahí aprendiendo cada vez y enseñando cada vez.

Nunca vamos detrás de las modas. No nos interesa mirar el centro. Lo que hacemos responde a nuestras ganas y necesidades.


4) ¿cómo surge la idea de llevar el radioteatro a las tablas y como fue ese proceso?

Hace tiempo que se venía gestando la idea. Es muy excitante plasmar cuerpo, acciones, espacios, tiempos a partir de un texto producido para otro destino: La palabra sola, en el aire. Entonces había que inventar todo esa masa de nervios que son las situaciones físicas, imaginar y accionar la mirada viva por real, por presente, acción en el espacio. Dolina es un autor tan meticuloso como interesante, plantea el absurdo, tiene una pertenencia local y universal en sus obras, va a poner en evidencia el estereotipo de una manera rotunda. Tiene todos los elementos para dejarla picando…

El proceso fue muy divertido y muy serio. Nos hemos reído en cada ensayo, de nosotros mismos, de nuestras ideas en acción, de nuestras máscaras, de las situaciones que fueron surgiendo con el trabajo constante, con el estudio profundo de la idiosincrasia de cada personaje. Un trabajo que nos da mucho placer, y que a la gente la divierte de muchas maneras, es muy benéfico reírse con la panza, prestarse a la broma y a la burla, es de buena salud.


5) Los 7 locos venían de hacer 4.48 psicosis, una obra compleja, fuerte, por su temática muy movilizante; y pasan a Bouvard que es una obra con un texto más liviano (más allá del buen trabajo teatral en el que los personajes crecen en cada función). Al mismo tiempo, antes de 4.48 psicosis habían hecho Sueño de barrio. ¿Qué hay detrás de este vaivén conceptual? ¿Se trata de una política estética de ir de "Beckett" a Fontanarosa o Dolina? ¿Hay una apuesta de atraer, educar espectadores?

Nos parece que no hay vaivén conceptual. Hay una postura ética acerca del trabajo del actor, que es la misma en la comedia o la tragedia. Es el mismo concepto de teatro, y nosotros nos divertimos variando, buscando siempre, investigando hasta hacer de cada obra lo que nosotros queremos o, al menos, lo más cercano a lo que queremos. Cada obra que empezamos es buscar petróleo, con picos y palas vamos al centro de la tierra. El terreno de cualquier género teatral es farragoso, siempre, para no abandonar hay que pasar por el hambre, la sed y el caos. No hay ninguna obra que hayamos hecho que tuviera un comienzo fácil. Cada comienzo es esperanzado y desesperanzado a la vez. Y como si hubiéramos perdido la memoria: lo hacemos nuevamente “por primera vez”. Siempre hacemos teatro con la mayor honestidad posible, la del trabajo.

Daniela Fuentes - Jorge Varela
Responsables del Centro Cultural El Mascaviento

Cobertura fotográfica del año pasado de "El Inspector Bouvard...", de Viol Formía
 


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