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05/07/2014 :: POESIA
Poemas de Leandro Calle
Leer poesía
Leandro Calle (Zárate, 1969) Poeta. Reside en Córdoba. Lic. en Letras. Lic. en Teología. Entre otros libros publicó: Tatuaje de fauno (El Francotirador, 1999); Una Luz desde el río (Alción Editora, 2001 y 2004); Los Elementos (Alción Editora, 2003); pasar (Educc, 2004); Noche Extranjera (Ediciones del Copista, 2007); entonces (Alción Editora, 2010).
Tradujo, Los frutos del cuerpo (Alción, 2012 y editado en Chile por el Centro Mohammed VI) del poeta marroquí AbdellatifLaâbi y El Horla, traducción y edición bilingüe del texto de Guy de Maupassant más un estudio crítico. (Ediciones del Copista, 2007)
Junto a Kay Reynolds (Fotografía): Almas del Boquerón (Pircas, 2004); Souls of theBoqueron (Pircas, 2005); Kindheit (Pircas 2006) y passer (Editorial Pircas Argentinas, 2008).
Su poesía fue traducida parcialmente al inglés, al francés, al checo y al árabe.
Dirige para Alción Editora la Biblioteca de autores y temas marroquíes.
 


Germán

Germán
es pintor.
Me dijo que
nunca se aburrió
que siempre pinta
que le gusta viajar
que se hace diálisis
3 veces por semana
Me regaló un cuadro
que colgué directamente
de mi lengua
para no quejarme más.

*

Repasadores

Hervían los repasadores en la cacerola
burbujas de grasa y detergente.
Ahora, como un albino al sol,
cuelgan brillantes, secos y extendidos
sin historia ni rastros
absueltos de dolor y de cebollas.
Persiste alguna mancha original
que el hervidero de la alquimia
no supo quitar.
Penden ahora como ángeles ahorcados
en su propia pureza.
El agua hervida asume suciedades.
Algo de todo eso se evapora
algo de todo eso pide asilo.

*

Despedida

Tengo todas las certificaciones necesarias
para realizar el viaje.
Pasaporte al día
visa
traducción al correcto francés
de todos los documentos pertinentes.
La burocracia ha sido un ejercicio de paciencia.
De más está decir
que todo papel
todo sello
todo trámite
tiene un precio a pagar.
Sin embargo
nadie quiso examinar mi corazón
ni sellarlo, ni traducirlo.
Yo tampoco he querido.
Lo voy a pasar
de contrabando.

*

Ecuador

                                             A Carlos “chino” Vargas

Es ahí donde ellos aparecen. Comienzan a salir por todas partes.
Aparecen en las junturas del lavabo, sobre las chimeneas,
corren enloquecidos por los tejados de la ciudad.
Llueve. Pero en Quito siempre llueve de alguna u otra forma.
Ahora corren por el aire con su aliento pardusco
estos caballos míos que esta vez no son azules.
Atraviesan mis sueños, pululan por el tiempo, se disuelven,
pulverizan la atmósfera. No sé qué hacer con ellos.
A veces los derribo cuando cierro los párpados
Entonces, ya no están, se vuelven silfos de color celeste
pero son caballos del color del maíz.
Tropilla loca, Vargas, enloquecidos saltan por este hotel
que celebra mis huesos de una manera extraña.
-tal vez sea la altura- 2800 metros sobre el nivel del mar.
Tropilla loca, decía, se suben a los ascensores,
desayunan y almuerzan en el bar. Pero las noches no.
Allí prefieren irse por los bodegones a beber aguardiente
aunque en mi tierra prefieran vino tinto,
mucho mejor si se trata de un malbec.
Caballos amarillos y parduscos, Vargas,
Más que salvajes, poseen una refinada compostura
hasta para pedir la llave a los conserjes.
Créame, Vargas, que esta tropilla que me habita
desde el momento justo de haber colgado el tubo del teléfono
son caballos que tienen el color del maíz.
Usted me comprende
siguen a esa yegua reluciente que galopa
esa yegua terca y amarilla que llamamos amistad.
  


*

Última clase de teología

Hoy, 26 de junio de 2013,
última clase de teología.
Los estudiantes se han ido
los pupitres están vacíos
y yo me he sentado en esta soledad.
Sé que no volveré a dar esta materia.
Me he vuelto peligroso.
Aducen ciertas inadecuaciones
con el derecho canónico
pero yo sé que es mentira.
No les gusta ni lo que escribo, ni lo que pienso
mucho menos lo que digo en mis clases.
Ya no soy uno de ellos, es cierto.
(¿Qué será ser de ellos?)
De un tiempo a esta parte
me he vuelto peligroso.
Es la última clase de teología.
Los estudiantes se han ido
los pupitres están vacíos.
No he sentido ni odio ni tristeza.
Sentí la ausencia del amor.
 


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