Martes 27 de junio del 2017


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22/02/2017 :: COMENTARIO
Tratado sobre la patria: Perón y Tarantino
Por Nicolás Ghigonetto.
En la famosa carta dirigida a José Alonso el 27 de enero del 66, Perón nos explica: “En política no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer”. Tarantino, lejos de ser peronista, conoce esta máxima porque conoce las leyes del suspenso y giran innumerables escenas en torno a una pregunta: ¿De dónde vendrá la primera bala? Luego de ésta, le sigue ¿de qué dirección vendrán las restantes?

Si bien los diálogos de las películas son el elemento central, llegan a su clímax cuando comienza la orgía balística. Tras ello el orden cambia abruptamente, algunos participantes caen, otros cojean, unos toman el mando de la situación, otros se subordinan. Con la nueva disposición de las cosas, el diálogo retoma el papel principal e, in crescendo, la situación comienza a tensarse de nuevo hasta llegar otra vez al punto cúlmine, así hasta el final. Pero Tarantino siempre usa la carta peronista (o, mejor, llamémosle, antiperonista: adversario herido que puede causar futuros problemas), la del hombre herido, con la pierna rota.

En Perros de la calle, el antiperonista es Tim Roth, el señor Naranja. Este, al comienzo de la película, se encuentra herido en el asiento trasero del auto que conduce el señor Blanco (Harvey Keitel). Mientras el segundo trata de tranquilizar al primero se dirigen hacia un galpón en donde se encontrarán todos los miembros que participaron del asalto a la joyería. La problemática de la película gira en torno a descubrir quién fue el que acusó a la policía del robo ya que este salió mal debido a la rapidez con la que llegaron los efectivos. La respuesta está, y a esto Perón lo hubiera olfateado rápidamente, en el señor Naranja, el herido, quien, de haber sido liquidado de ante mano, hubiera ahorrado al resto del grupo muchos problemas posteriores ya que era un policía infiltrado.

En Django sin cadenas sucede algo parecido. El personaje principal (Jamie Foxx), homónimo del título de la película, un ex esclavo, en su afán por liberar a su esposa Broomhilda (Kerry Washington) del yugo de la esclavitud, negocia de manera trunca su compra. Como siempre, la cosa termina en disparos por doquier. En este caso, Django versus la mansión Candie, lugar al que pertenece su esposa. Tras quedarse sin balas, Django, indefenso, es amenazado por Stephen (Samuel L. Jackson), quien no lo mata y lo hace prisionero. Como castigo, es entregado a unos esclavistas. A estos, Django les tiende una celada y los asesina con las pistolas que ellos mismos le dieron. Vuelve a la mansión de Candie (Leonardo DiCaprio ), rescata a su esposa y mata a todos a excepción de Stephen, a quien le dispara en las piernas y le da muerte dinamitando la casa entera. Nuevamente el recurso se repite, a quien debieran haberle dado muerte en un comienzo, se vuelve la máxima pesadilla. Todo esto porque Stephen no conoció a Perón y a sus palabras que dictaban matar al herido (en este caso, sin balas).

En Los ocho más odiados el “herido peligroso” es Marquis Warren (Samuel Jackson). Este, con un disparo en los genitales propinado por un personaje oculto en el sub suelo del boliche de Minny, sigue disparando y demostrando “el daño que puede hacer un tipo con una pata rota”.
Bastardos sin Gloria muestra, al comienzo, a Shoshanna Deyfus (Mélanie Laurent) escapando por poco de las garras de Landa (Christoph Waltz ). A pesar de que la mira del arma del Nazi la apunta, el gatillo no se dispara, o porque sabe Landa que la presa está fuera del alcance de su arma o porque se apiada de ella. Tiempo después, Shoshana, bajo el nombre de Emauelle Mimieux, es dueña de un cine que, gracias a las intenciones de conquistarla por parte de un héroe de la Wermatch (Zoller, Daniel Brühl), convoca a la cúpula máxima del nazismo (entre ellos, a Hitler) a ver una película sobre las hazañas del héroe antes mencionado. A pesar de que Shoshonna es abatida (por Zoller quien, herido, alcanza con una de sus balas a la Judía), todos se encuentran en el cine para ser acribillados por el grupo paramilitar de Los bastardos (Brad Pitt y compañía). Otra vez la historia se repite y, quien debía morir al comienzo es la pieza fundamental de la venganza, otra vez, el herido demuestra todo el daño que puede hacer.

Kill Bill comienza con un intertítulo que reza: “La venganza es un plato que se sirve mejor frío”. Esta película basa todo su argumento en matar al herido. Desde su comienzo, se intenta asesinar a La Novia (Uma Thurman), no lo consigue el malvado Bill (David Carradine) y la deja en coma con un disparo en la cabeza. En el hospital se planea inyectarle una dosis letal, cosa que es frenada por el mismo Bill, para hacerlo en caso de que despierte. Al despertar, La novia buscará venganza. Luego de un largo recorrido, asesina a Bill con una técnica fatal de puntos de presión llamada Pai Mei.

Estos y otros ejemplos se hallan en las películas del gran director norteamericano. Una charla entre Parón y Tarantino hubiera sido no poco interesante. Si viajamos por un momento a la máxima película argentina: su historia, veremos cómo el mismo Perón muere en condiciones adversas (no por los motivos sino por la contingencia), el propio destinatario de la carta a la que aludimos más arriba, José Alonso, fue asesinado de 14 balazos por un hombre no identificado que salió de un auto estacionado detrás del de Alonso y Vandor, a quien hacía alusión Perón con sus filosas palabras, corrió la misma suerte, sólo que almacenó en su cuerpo tan sólo 5 balas. Pero metámosle una rosquita más a estos muertos, Rodolfo Walsh, quien escribió ¿Quién mató a Rosendo?, libro que denuncia la muerte del Rosendo García a manos de Vandor y una encrucijada de la burocracia sindical, también fue asesinado. Argentina no necesita a Tarantino porque su propia trama histórica es tarantinesca.


 


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