Martes 22 de agosto del 2017


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27/06/2017 :: COMENTARIO
Sobre Triple Frontera Dreams de Douglas Diegues
Interzona 2017.
Por Nicolás Ghigonetto
A los juegos de lenguaje no los impone el mundo, dice Rorty, sino, nosotros. Si hablamos de imposición, debemos mencionar a los grandes grupos de poder que hablan por nosotros y sus idiomas, a las grandes casas del ser, como artífices de ella. No es la obra de Douglas Diegues una que pretenda jugar el juego, ese juego impuesto, sin saltarse algunas reglas, sin trastocar los sentidos ya acuñados que nos implantaron como una hierba en el jardín de una casa que, lejos de ser del ser, se emparenta más con un local de venta de celulares de Ciudad del Este.

Diegues es un escritor de frontera, del límite que recorre la piel del lenguaje sin salirse, tocando el afuera coincidente con su interior, escritor de portuñol salvagem, a sabiendas del carácter depredador de minorías del español y el portugués.

Con esa carga que llevamos como Sísifo en medio de la montaña, Diegues crea un idioma salvaje y vilipendiado, nacido de las entrañas del poder, pero bastardo por su mixtura. El hijo malo, bobo se habla en la frontera porque es una frontera de la que sus padres no se quieren hacer cargo, un perfecto octavo pasajero al que no le alcanza con infiltrarse en la nave sino que necesita meterse en las entrañas para reproducirse.

Diegues habla creando porque en estos tiempos se crea o se erra, porque errar es hablar el idioma de los poderosos, como Sarmiento o el chateaubriand de las pampas, quienes guillotinaron el desierto porque no lo entendían, porque no supieron decir callando.

Triple Frontera Dreams (Interzona, 2017) intenta explorar zonas en las que el lenguaje se comporta de manera extraña, novedosa, inclasificable, ergo, no identificable y difícil de encarcelar en las denominaciones oscuras del poder.

Como a un perseguido que, al decir de Manu Chao, cuando lo buscan acá, se va del otro lado y viceversa, el idioma proscripto no sabe de límites ni fronteras, porque circula donde el miedo del poderoso no quiere, porque el límite es su afuera, es parte de él, como el miedo y sus delicias.

El autor nacido en Río de Janeiro y radicado en la frontera praguaya-brasileña propone una lengua y una moral. La primera, constituida por una base léxica importante del portugués y una sintaxis con parecidos al castellano y se enriquece de jergas paraguayas, brasileras, argentinas y otros idiomas de la hegemonía europea como el Francés y el Inglés. La moral, se pone en jaque constantemente con usos y costumbres lingüístico/experimental del trifinio. Se narra con un idioma hiperbólico la naturalidad de una zona de contacto que expresa nervios oscuros en su cotidianeidad.



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