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22/08/2017 :: NOTAS
Existencialismo cordobés – Parte II
Por Nicolas Ghigonetto
Algunos matices más de esta variante del existencialismo. Mientras que Sartre es dueño de su mítica frase “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, Ulises Bueno aporta algunos aspectos nuevos. Al cantar desde lo hondo de su entraña: “soy lo que yo quiero”, se olvida de los condicionamientos externos que repercuten sobre las decisiones de un verdadero existencialista con tonada. Pero, para reivindicarse, agrega dos ideas importantes. Por un lado, en la misma letra de donde extraje la frase anterior dice: “soy lo que ha quedado de mi voz, por el asco de aguantar tanta procesión por dentro” y allí deja en claro que el pasado ha dejado una ruina en el presente.

Entonces el presente no es “lo que yo quiero”, sin condicionantes ni efectos colaterales. En “Que culpa tengo yo” vuelve a admitir que “no puede decir que no” ante el pedido de sus amigos de comer asados y cantar hasta altas horas de la madrugada, cosa que repercute sobre sus llegadas tarde a casa y la relación con su pareja.

¿Qué le diría el habitué del café de Flore a la esposa del cantante?

- Tranquila, el infierno son los otros.

Para el personaje de “Que culpa tengo yo”, que se encuentra excusándose frente a su esposa de no “poder decir que no”, ya no existe el “soy lo que yo quiero”.

Esta filosofía, de manera urgente, debe optar entre “soy lo que yo quiero” y el “no puedo decir que no”. Por esto, a Ulises, Sartre le advertiría:

- Pibe, estamos condenados a ser libres.

A lo que el cordobés daría como respuesta las acciones de prender un pucho, mirar el crucifijo de su micrófono y esperar a que se convierta en oráculo y le de alguna solución al problema.
 


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