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29/08/2017 :: COMENTARIO
El ojo de Bolaño
Por Joaquín Vazquez
La literatura argentina desde afuera.

Quiero escribir bajo el hechizo de la fascinación y hace tiempo que lo único que me sale son reseñas apuradas. Quiero leer fascinado y hace un año que ninguna lectura me desencaja. Hace tiempo que mi amigo Pablo insiste con que lea Bolaño. Me insiste, pero no sin criticarlo, como quien tira una patadita en el picado. Critica sí, pero no a él, sino a la factura de alguno de sus relatos.

Leí salteado y con displicencia Putas asesinas. No me gustó mucho y lo abandoné sin culpa. Lo leí antes de que mi amigo se confesara fanático del escritor chileno; antes de que me contara que había un cuento en el que Antonio Di Benedetto aparecía como un tal Sensini; antes de saber que Sensini y el narrador del cuento homónimo iniciaran una larga conversación epistolar. Hoy, un día después de la conmemoración del día del lector, vi en la vidriera de una librería local una reedición de Llamadas telefónicas y no me resistí.

Para mi sorpresa, el primer relato del libro es Sensini. Lo leo tomando un café, haciendo tiempo en el centro hasta que se haga la hora de ir a dar clases. Lo leo de un tirón, cautivo desde el primer párrafo. En el fondo es la historia del fracaso profesional de dos escritores latinoamericanos viviendo en España en la época de la dictadura. Ambos pobres, pendientes de la aparición de nuevos concursos literarios con premios en efectivo para poder sostener sus economías magras. La narración crece en el relato del intercambio de cartas y de los trucos de Sensini para ganar concursos literarios de provincia, como dice Bolaño. Es, eso está claro, una crítica ácida a los concursos y a lo que sospechamos de ellos. Es también, sin duda, una crítica a la impostura moral y al decoro político de las premiaciones; un testimonio del ridículo pero profundo deseo de ser escritor. El narrador admira a Sensini, busca y lee sus libros, los disfruta y menciona en varias ocasiones su éxito mayor, Ugarte, que es Zama en la obra de Di Benedetto.

En medio de eso, hasta la muerte de Sensini y la imagen liberadora del final, que no voy a comentar, el relato arma un canon de la literatura argentina. Y esto es lo que más me gustó, no por ningún sentimiento patriótico-literario en especial, que de hecho no profeso, sino porque es una respuesta a cómo se ve la literatura argentina desde afuera. Más aún, es una muestra sobre cómo la ve un latinoamericano viviendo del otro lado del Atlántico, y de quiénes eran los autores que habían alcanzado ya la trascendencia que quizás todavía no tenían en nuestro país. Escribe Bolaño “Sensini, por descontado, tenía otros libros, publicados en Argentina o en editoriales españolas desaparecidas, y pertenecía a esa generación intermedia de escritores nacidos en los años veinte, después de Cortázar, Bioy, Sábato, Mujica Lainez, y cuyo exponente más conocido (al menos por entonces, al menos para mí) era Haroldo Conti, desaparecido en uno de los campos especiales de la dictadura de Videla y sus secuaces. De esta generación (aunque tal vez la palabra generación sea excesiva) quedaba poco, pero no por falta de brillantez o talento; seguidores de Roberto Arlt, periodistas y profesores y traductores, de alguna manera anunciaron lo que vendría a continuación, y lo anunciaron a su manera triste y escéptica que al final se los fue tragando a todos.”.

Estos nombres se van a unir a otros con los que Bolaño termina de trazar su cartografía de la literatura argentina del siglo veinte: “En una época lejana de mi vida había leído las obras de teatro de Abelardo Castillo, los cuentos de Rodolfo Walsh (como Conti, asesinado por la dictadura), los cuentos de Daniel Moyano, lecturas parciales y fragmentadas que ofrecían las revistas argentinas o mexicanas o cubanas, libros encontrados en las librerías del DF, antologías piratas de la literatura bonaerense, probablemente la mejor en lengua española de este siglo, literatura de la que ellos formaban parte y que no era ciertamente la de Borges o Cortázar y a la que no tardarían en dejar atrás Manuel Puig y Osvaldo Soriano, pero que ofrecía al lector textos compactos, inteligentes, que propiciaban la complicidad y la alegría. Mi favorito, demás está decirlo, era Sensini…”.

De estas enumeraciones podemos extraer, en primer lugar, una conclusión evidente, Borges y Cortázar ya estaban consagrados, pero para el ojo de Bolaño el resto de los nombres dados parecen no irles a la zaga a los muchachos del panteón. El chileno, esto también está claro, estaba más que bien anoticiado de los libros y las publicaciones en lengua española. Estas citas forman parte de una mirada en retrospectiva hecha desde un punto de miras más alto, donde el horizonte parece menos tumultuoso y más estabilizado. La ausencia notoria es la de las escritoras. No sé a qué se debe, pero descarto la hipótesis de que tenga que ver con el gusto de Bolaño. ¿Cómo circulaban hace treinta y cinco o cuarenta años los libros de autoras latinoamericanas en el viejo continente? ¿Cómo circulaban y cómo eran leídas por los estómagos voraces del tipo de lectores como Roberto Bolaño? ¿A qué se debe que no aparezcan en estas citas, por ejemplo, Sara Gallardo, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco o Silvina Ocampo? Especulemos: ¿a las políticas editoriales, al machismo del mundo artístico y literario, a la calidad de su pluma, que parece ser el criterio con el que lee y juzga Bolaño?

Sabemos por Borges que una tradición se arma hacia atrás y que cada escritor elige a sus precursores. No puedo dejar de pensar en cierto cálculo del chileno, en cierto deseo, bastante explícito, de ser parte de esta literatura. En la mezquindad del mundo de los concursos que queda retratado en Sensini parece difícil que alguien elogie tanto sin esperar algo a cambio. También me cuesta –no quiero- ver a Bolaño como un especulador de la economía literaria, me refiero a esa economía que traza una división de clases en las que los escritores borders parecen, prometen, simulan, ser la renovación, el aire que tanta falta le hace al presente literario –hoy y siempre. Insisto, no quiero verlo así porque el relato en cuestión me devolvió la experiencia de la lectura fascinada. Sin embargo, los de Bolaño no son elogios bobos, es una admiración explícita y, creo, auténtica. Admiración primero, por Sensini, por Di Benedetto, y por mediación suya, por la generación a la que pertenecía. Digamos, no es mera adulación para ganar un público lector, es la división del territorio que le gustaría habitar. Es el retrato de la camaradería de dos parias, un aprendiz de brujo y otro con estatura de maestro. Bolaño cuenta sin golpes de efecto, y sabiendo ocultar su presencia muy bien en las páginas del relato –de hecho no se lo nota respirándonos cerca-, qué tenía que hacer un escritor para vivir de la literatura y cómo debía hacerlo.

Una pregunta interesante que podríamos hacernos hoy es, ¿cuánto cambió eso? Más aún, el envío obsesivo de libros, cuentos y poemas a cuanto concurso aparece, sea para comer, pagar el alquiler, o por deseo de prestigio, ¿tiene que ver con la literatura? Y si los concursos son así como los muestra Bolaño, ¿tienen algún valor literario? Si eligiera un libro al azar publicado en los últimos diez años y comprado en cualquier librería, si mirara la solapa, si la leyera, vería casi seguramente la mención de alguna premiación. ¿Por qué ganar concursos y premios forma parte del currículum literario? ¿Por qué la obstinación de reincidir tras el fracaso? ¿Qué deseo de medirnos, bajo la vara siempre caprichosa de los jurados más diversos, nos impulsa una y otra vez en esta dirección?

El relato adquiere un viso irónico tras el clima trágico y la obsesión amorosa que parece cumplirse sobre el final, que promete cumplirse o que quizás se cumple efectiva y etéreamente. Una nota al pie bajo la primera página dice “Este cuento obtuvo el Premio de Narración Ciudad de San Sebastián en 1997, patrocinado por la Fundación Kutxa”.

De la valoración que Bolaño hace de la literatura argentina hay que destacar también que, según él, estos escritores seguidores de Roberto Arlt, anunciaron lo que vendría en sus modos tristes y escépticos. Esto no es otra cosa que la herencia arltiana funcionando de manera aceitada. ¿Quién estaría dispuesto a negar que la literatura argentina es tristeza y escepticismo? No porque se reduzca a ellos, sino porque ése parece ser su suelo más fértil. Al podio de los consagrados, el chileno acaba de sumar a Arlt. En su estela, en la de Borges y Cortázar, los nombres dados parecen anunciar el horror que estaba a la vuelta de la esquina. Qué no daría por tener un ojo como el de Bolaño y poder leer, entre mis contemporáneos, los signos de un anuncio, no me importa si velado o a los gritos, de lo que está por venir. Es cierto que el texto fue escrito entre el 95 y el 96, pero la lectura del autor, aparte de admirativa, es atenta.

Una cosa más, que no por ser la última es de menor importancia. De los mismos autores mencionados, Bolaño encomia algunas cualidades literarias: “textos compactos, inteligentes, que propiciaban la complicidad y la alegría.”. Estoy tentado de preguntar entre quiénes se propiciaban la complicidad y la alegría, pero es obvio: entre el lector y el autor, entre lectores, entre escritores viviendo lejos de sus países, uno de ellos exiliado y con un hijo desaparecido. Esta generación, en sus textos compactos e inteligentes y a pesar de sus modos tristes y escépticos, propició complicidad y alegría. ¿Se puede esperar algo mejor?

Cierro, como se debe, con las palabras Bolaño, y la figura enorme de Di Benedetto, leyendo atento la carta verborrágica de un chileno raro, que se desboca preguntando por lo que hay que preguntar: “Le contesté diciéndole que no tenía tantos cuentos como para cubrir los seis concursos en marcha, pero sobre todo intenté tocar otros temas, la carta se me fue de la mano, le hablé de viajes, amores perdidos, Walsh, Conti, Francisco Urondo, le pregunté por Gelman al que sin duda conocía, terminé contándole mi historia por capítulos, siempre que hablo con argentinos termino enzarzándome con el tango y el laberinto, les sucede a muchos chilenos.”



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