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07/09/2017 :: NOTAS
1962: Orozco- Pizarnik
Nota realizada por Nicolás Ghigonetto
En 1962 se publicaron Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik y Los juegos peligrosos de Olga Orozco. El primero, a mediados de año y el segundo, en noviembre.

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Frondizi estuvo en el poder hasta marzo. Su gobierno es recordado por ganar las elecciones con el apoyo de Perón desde el exilio, las políticas desarrollistas que activaron la industria, el plan CONINTES que ponía ante el tribunal militar a manifestantes disconformes con el gobierno, estar bajo las fauces de los designios militares, entrevistarse con El Che de manera clandestina y bregar por el diálogo entre Cuba y EEUU, anular la ilegalidad del peronismo, ser derrocado a causa esto último. 
Tal es el contexto de producción de dos libros escritos con anterioridad al 62 pero publicados ese año.

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Pizarnik se encontraba en Francia. Vivió allí del 60 al 64. Autoexilada del contexto político/poético argentino. Vivió en departamentos de mala muerte, escribió, visitó los cafés parisinos y conoció a grandes personajes de las letras nacionales e internacionales que vivían allí. Lee a poetas franceses y realiza traducciones. Son sus únicos años de felicidad o, por lo menos, en que se sintió más activa. Árbol de Diana es su libro más leído y el mejor valorado por la crítica. 
Orozco vivía en Argentina. Escribió para Claudia, la revista femenina más importante de los 60. En ella, con seudónimos diferentes firmaba cada una de las secciones que escribía. En el 61 ganó la beca del Fondo Nacional de las Artes. Los juegos peligrosos es menos aplaudido que otros aunque tiene poemas, como Cartomancia, que son recordados frecuentemente.

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Escritoras de la muerte y la multiplicidad del yo.
El libro de Orozco abre con una cita del Rig Veda: Lo eterno es uno, / pero tiene muchos nombres. Y el libro de Pizarnik también abre con un guiño a lo múltiple: el prólogo de Octavio Paz que describe las diferentes definiciones del árbol de Diana.

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El canto y culto a lo múltiple y desconocido abre “La cartomancia” primer poema del libro de Orozco. Algo desconocido se presenta, puntapié de una disonancia: 
“Oye ladrar los perros que indagan el linaje de las sombras,
Óyelos desgarrar la tela del presagio. 
Escucha. Alguien avanza
Y las maderas crujen debajo de tus pies como si huyeras sin 
                                                                   [cesar y sin cesar llegaras.”
Y ante esa irrupción de lo desconocido se manifiesta lo múltiple:
“Tú sellaste las puertas con tu nombre inscripto en las cenizas de ayer y mañana.” 
Piarnik en una entrada de su diario anterior a 1960 dice: “En el mar hundir el cuerpo desnudo, hundirse y ser transportada por el abrazo de las aguas que giran y giran como en la noche giran las otras que fui.”
Volvamos al poema:
“Y otros rostros te soplan el rostro en los espejos.”
Remata:
“Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que puede venir.”
A diferencia de Pizarnik, Orozco usa la síntesis para explayarse, abre donde Pizarnik golpea con lo contundente, rompe con la expansión donde Pizarnik trunca.
“cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra”
Este famoso poema de Pizarnik continúa la idea de la cita que abre el libro de Orozco, las ilimitadas formas de nombrar lo múltiple ¿y qué es lo múltiple? El yo.

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El libro y la obra de Alejandra oscilan en esa multiplicidad y su nominalización. Pero Orozco parte de lo extraño, lo desconocido y Pizarnik también, pero le da nombre, y ese nombre es la muerte. Deleuze dice junto a Guattari en Mil Mesetas: “Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos.” y Rimbaud también tiene una mítica frase en la que señala lo mismo: “Yo es otro”.
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El poema La cartomancia tiene tres partes. La primera es el primer movimiento, el inicio. Una vacilación da cuenta de una llegada misteriosa, desconocida: “(…) perros que indagan el linaje de las sombras, /óyelos desgarrar la tela del presagio. /Escucha. Alguien avanza. (…)/Pero alguien ha llegado.” Se abre el poema y la oscilación entre la llegada y las respuestas a esa llegada. Algo así como la nominalización de la misma. Lo desconocido no tiene el misterio de no poder ser nombrado, pues, lo múltiple se crea mediante la oscuridad. Pero el verdadero misterio se encuentra, al decir, de Alejandra, en “no saber nombrar lo que no existe”. Allí comienza la creación, en ese movimiento de inventar lo no creado o aparecido. 
Por eso el poema de Orozco comienza con “la llegada”. Y es continuado con la segunda parte, la cartomancia. Aquí el poema se vuelve críptico, pero no encerrado en un hermetismo irresoluble, imposible de abrir, si no, en un cofre simbólico cuyas llaves son las cartas del Tarot. Entre alusiones a los Arcanos mayores y nominalizaciones directas oscila el cuerpo del poema. Una enumeración y meteorización del devenir misterioso del mundo, de los aconteceres que le esperan al que espera la llegada. 
Cito: 
“Las Estrellas alumbran el cielo del enigma”
“Su carta es la del Loco, con su paciente red de cazar mariposas”
“Es el alucinado Emperador del mundo que te habita”
“Lo leo en las arenas de la Luna donde está escrito el viaje, donde está dibujada la casa en que te hundes como una estría pálida en la noche tejida con grandes telarañas por tu Muerte hilandera”
“Su gloria es la del sol”
“(…) tu Fuerza es fuerza de tormentas y la Templanza llora de cara contra el muro.”
“El Ahorcado me anuncia la pavorosa noche que te fue destinada.”
Y un largo etcétera que culmina en una puesta en obra de los arcanos menores: “y han marcado en tu puerta los tres signos aciagos con espadas, con oros y con bastos.”
Esta última etapa de la segunda parte del poema da pie a la tercera que se desprende o continúa la primera: la de la llegada, pero ahora convertida en develamiento del misterio. Dice: “los Reyes han llegado” no se sabe cuántos, aunque inmediatamente se revelan dos misterios: cantidad y propósito. Cito: “Vienen para cumplir la profecía. Vienen para habitar las tres sombras de muerte que escoltará tu muerte hasta que cese de girar la Rueda del Destino.”
Los cuatro Reyes ahora muestran su rostro, portan significados más concretos que las generalidades arquetípicas de los arcanos mayores, vuelven al llamado mínimo de la puerta, al misterio que nos paraliza oscuro e inminente. Pero dejan de ser el miedo del misterio de lo que no existe o se desconoce para pasar a ser la palabra que nombra lo que no existe o desconoce, dejan de ser presagio de lo inexistente para pasar a ser inminencia de lo eterno.

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Perednik dice que el escritor vive en un exilio permanente, sin importar las contingencias políticas. Y el caso Ororzco-Pizarnik no es ajeno a ello. El exilio de Alejandra es el abandono a la literatura y la escritura (yo no quiero vivir, yo quiero un interés obsesivo por dos cosas: los libros y mi poesía), el exilio parisino. El exilio de Olga, a la Cartomancia, el misterio. Pero la personalidad y el temperamento poético de Pizarnik es distinto, no es el de Cortazar, no es la declaración de Casa Tomada, no la invasión de un ser extraño al hábitat propio. El exilio de Pizarnik es el profundo arraigo al termómetro social bovarista. Sí, Alejandra es un nervio vivo inserto en las peripecias de un plan CONINTES, la lengua lánguida en la sucesión de gobiernos radicales y golpes de estados, los versos cortos con sus silencios entre la inestabilidad política y la robustez militar. No digo que Pizarnik sea peronista pero casi. Confeccionó una poesía del vacío en una época vacía, como quien dice lo que hay que decir en su óptimo momento, como quien balbucea y estrecha su eco hacia una realidad que es más alta que una montaña y retumba en un oído sordo de manifestaciones en las calles porteñas. Pero aquí nace otro exilio, el parisino. Una búsqueda de la bohemia de la época y los intelectuales que frecuentan los cafés. 
Susana Haydu dice: “…observamos que, a pesar de estar dentro de la generación del 60, no comparte con este grupo la pasión por la política. Y tampoco trabaja una poesía de referentes externos: la ciudad, las calles, los hechos físicos, la realidad externa que
la rodea. Pizarnik se vuelca al universo interior: la busca en profundidad del ser, de
su centro cabal.”
Ese vacío se rellena, pero no para tapar un hueco si no para establecer un juego que es oscilación entre lo misterioso y lo por nominalizarse.

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En Para hacer un talismán, Orozco es clara “se necesita sólo tu corazón hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.” así sin más, con minúscula. Y allí se lanza la piedra que expandirá el poema a una gran cantidad de imágenes que rozan el surrealismo pero que no lo chocan de frente. Porque para la poeta los dos mundos que se ponen sobre la mesa son este y el de la adivinación. Algo así como lo que dijo Eluard de la existencia de muchos mundos pero todos dentro del mismo.
Orozco señala el vacío donde Pizarnik también. Esa es la gran coincidencia, el lugar de los silencios, el lugar de la nada. Leemos en el poema recién citado: “un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío” y en Árbol de Diana: “…un sonido de manos enamoradas de la niebla”. En 25 se lee: “un agujero en la noche /súbitamente invadido por un ángel” porque Pizarnik ve en la exposición de Goya una ausencia recubierta por un ángel. 

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Patricia Venti realiza un recorrido a través de la obra de Pizarnik en relación al contexto político y literario del país. Estos dos ejes nunca se tocan, son rectas paralelas que avanzan sin tocarse porque la autora no se interesó ni por los designios políticos de la patria ni por las corrientes literarias de la época. ¿Cómo determinar una política de una poesía del corazón, cuyo representado es un cuerpo angustiado y partido que busca disolverse en la escritura? Tenemos dos opciones, o pensar la evasión individual de la poética contrapuesta a la política despolitizada (o mediatizada por la fuerza militar) del 60 o concebir la revolución literaria puertas adentro, como un desentendimiento político de la tradición inmediata argentina y un lazo con poéticas europeas. Pensar a Pizarnik, y a cada escritor argentina, como meros burgueses encausados en poéticas foráneas es algo común y reduccionista. Esto no permite ver la originalidad y el nuevo aporte que esas poéticas trajeron. Entonces, propongo ver a Pizarnik como una poeta peronista, de ruptura con la poética previa, con un exilio en Francia ante la angustia Argentina y un regreso trunco. Regreso a un Buenos Aires floreciente pero que no le da respuestas a las preguntas. 
Luis Benitez establece dos divisiones en la poesía del 60, la de Gelma, Santoro, etc. netamente política, y la de Pizarnik, Giannuzzi y otros, como reacia, desinteresada. Si pensamos tan solo la binariedad en términos político/literarios, nos quedaríamos con una parte del mundo sin mirar. Como dice Rancière, un poeta socialista puede ser más reaccionario que uno conservador, pues puede pecar de paternalista con el sujeto visibilizado. 
Rancière, en La palabra muda, afirma que no interesa a la política de la literatura el activismo que el autor desempeñe en su vida pública o privada si no, el régimen de visibilidad que establezca en su obra. ¿Qué visibiliza e invisibiliza Pizarnik? ¿Con qué palabras tapa la hoja en blanco? Esa poética la del intimismo político desmenuza un juego de cadáveres exquisitos y ordenamientos sintácticos que apelan al desorden y al orden como motor de los silencios. Pizarnik militó por descubrir el vacío, rellenarlo y dejarlo hablar, construir la oscuridad como un grito para luego darle voz. 
Dice: 
Yo canto.
No es invocación.
Sólo nombres que regresan.
Porque su poesía no representa, no guía ni es panfleto, sino un niño terrible que muestra. Política del desvelo. Nocturno. Y el que quita los telones que tapan el silencio. Silencio que grita. Voz del silencio. 

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Silencio como hueco en un vacío político ¿Cuál es ese vacío? El peronismo que falta. Piazarnik/Orozco, dos poetas del vacío que ensayan una búsqueda, en el hueco, en la oscilación, entre el regreso y el silencio. En la poesía ganó el silencio, en la política del 60, también.

 


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