Libros. Lecturas en vacaciones
Sobre el libro Cría, de Laura Pratto. Ediciones Recovecos, Córdoba, 2009.
Por Diego Formía
"sentía ponerlo en estos términos
hechos al hacha faital`apia la manera
de decir a los ponchazos..."
Antes de leer en papel a Laura Pratto la escuché leer en el encuentro Aguante Poesía (octubre 2011, Río Cuarto) en una mesa a cargo de la Editorial Recovecos. Una lectura rápida, sin teatralidad en la voz. Ni un atisbo de género en la poesía, al contrario, una lectura de golpes secos con voces que sonaban como aisladas. Me llamaron la atención palabras de un dialecto extraño y al mismo tiempo cercano. En ese momento no alcancé a descifrar su origen. Estas palabras desterradas se iban colando a la transparencia de un castellano marcadamente local; giros cordobeses caracterizados por modismos, frases y dichos populares de la región.
Luego de la lectura y sin mediar casi palabras, Pratto en mano me pasó su libro.
Cría por fuera
La tapa de Cría tiene una foto gris que, en sus tonalidades, en partes se va hacia el negro y en otras hacia el blanco de la luz. En primer plano la abrazadera o sujetador de una tranquera. Al fondo, esfumado, un camino que se pierde. A los costados el paisaje de los campos, la pampa gringa. Campos que se pierden en un cielo gris encapotado.
La contratapa tiene una foto de Pratto en la que más atrás hay un hombre sentado; como en otra cosa el tipo. Foto con el efecto de haber sido pintada, como cuando la fotografía todavía no capturaba colores con el “clik” del obturador.
El texto de contratapa nos dice que Laura Pratto nació en 1976 en la ciudad de San Francisco, Córdoba. “Publicó Alcance (poesía, Bajo La Luna, 2006) y El hilván (poesía, Bajo La Luna, 2009) ambos premiados por el Fondo Nacional de las Artes. Es analista de sistemas y se desempeña como instructora de yoga. Con sus primeros ahorros (propinas que su padre ganaba cuando trabajaba como mozo en el bar del Hotel Libertador y luego le regalaba), se compró su juguete más comentado: un camión volcador Duravit verde oscuro”.
Cría por dentro
El cuerpo del libro comienza con citas que nos ofrecen las líneas de sentido de la lectura.
La primera es de Camille Laurens (de En esos brazos) y apunta a la figura central del libro. La figura del personaje- padre en una voz que irrumpe y se mezcla con la voz de la cría, de la hija, del yo poético. Transcribo la cita en partes: “El secreto del padre es su manera de hablar – un lenguaje crudo, plagado de bromas indecorosas, expresiones cuarteleras, chistes de colegial sobre el sexo y las mujeres, en resumidas cuentas, una lengua de hombre. El padre le habla así, de niña, con intención de que aprenda, de que se impregne de ese lenguaje”.
En Cría la lengua madre es contaminada por una lengua padre. Por el lenguaje de un padre que –entre otras cosas - es también el hijo del inmigrante, de la pampa gringa que dialoga medio en castellano y medio en piamontés (este era el dialecto que no alcancé a dar con su origen en la lectura. Es el mismo que escuchaba yo mismo –por eso me sonaba cercano - de mis abuelos y a veces de mis padres).
Una de las citas que abre el libro es: “Sent sí”. “Escucha aquí”, en piamontes. Lo que llama la atención es que las intervenciones del dialecto, además de estar impresas en cursiva (como la voz del lenguaje-padre en todo el libro) son palabras escritas en continuado, es decir que no se le respeta el espacio. Interpreto que la atención está puesta más en la "musiquita" que en el sentido mismo del dialecto que escuchaba la cría en la niñez.
El lenguaje que construye al personaje-padre ( voz plasmada en cursiva como dije en el párrafo de arriba) también sugiere una historia y el lugar de la ficción: fue sereno en el palacio municipal, pintor en el cementerio san francisqueño, instalador de la planta de líquidos cloacales, de líneas telefónicas, inspector de la perrera, encargado del corralón de materiales, mozo del hotel en el que se hospedó Rafaella Carrá, empleado de un bowling, de una timba, operario de fábricas (de fábulas) de caramelos, bolitas, zapatos, escobas, cosechadoras. Referí, vendedor de rifas (las de River y las de Boca), cosechero, empleado en una cristalería. Uno de los poemas últimos comienza con una cita del Indio Solari: nunca fue un listo de pesos, siempre un listo de centavos. Un lenguaje-personaje potente por sus (aparentes) certezas en sus dichos, que se impone también desde lo que inventa de si mismo. La potente cáscara del lenguaje que dice y cuenta mucho pero nunca cuenta el fondo, que no lo busca ni lo buscará.
Otra de las citas con la que comienza Cría es de Philip Roth (de Patrimonio): “El me enseñó la lengua vernácula. El era la lengua vernácula, despoética y expresiva y a bocajarro, con todas sus cegadoras limitaciones y toda su perdurable fuerza”.
En los poemas –todos sin títulos- de Cría, hay un hablar entrecortado (que al mismo tiempo enlaza las voces) entre el lenguaje padre (frases hechas, dichos populares, frases en piamontes) y la voz del yo cría que busca el fondo (voz impresa en minúscula, “en minúscula hasta las penas capitales”). En este sentido cito uno de los poemas: “ahora cuenta tanto / más el entredicho/ esas nubes de los diálogos / un buraco así de grande”.
Dos voces en una, dos filos de un hacha que compone poemas, que golpea la materia lenguaje una vez con uno de los filos y luego con el otro, concierta un libro, talla, modela, hace poesía de la crudeza.
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