Caterva aparece en 1937, editada por su propio autor. Reimpresa en dos oportunidades por la Universidad Nacional de Río Cuarto; en 1992 y 1999. La contratapa de la última edición, a cargo del licenciado Hugo Aguilar, nos dice: “Caterva es la novela de la solidaridad. Una solidaridad que se traduce en el sacrificio del yo ante el imperio de un nosotros capaz de aquello que un hombre aislado no puede realizar.” Por otra parte, Aguilar nos dice: “Caterva es, de un modo sutil y generoso, la novela de la apariencia. Sus héroes se muestran ante la sociedad como mendigos deseosos de ayuda para sí mismos, cuando en realidad son ellos los ejecutores de la ayuda que otros recibirán. Este rasgo no deja de sorprender y maravillar, puesto que ubica al texto de manera feroz en el lugar que fue escrito. Río Cuarto.
Comienzo de “Caterva”:
Estaban juntos, bajo el puente. No se habían reunido como los cantos rodados: porque sí, rodando… Sino en virtud de una corriente secreta. Una corriente espiritual que los empujó a ese cauce, desde diversos confines. Aparentemente porque sí, rodando…
Estaban juntos, bajo el puente.
Cielo atormentado. Venía del norte un viento nauseabundo, pertinaz. En el sopor grasoso de la tarde, la fetidez impregnaba la atmósfera fácilmente; pues, en los días limpios, tersos, la fetidez resbala hacia remotas zonas.
Cielo de tormenta. Nubes bajas, olor a sexo. En el horizonte, los relámpagos iluminaban fugazmente el interior de sus faldas.
El viento, nauseabundo, insistía. Revoloteaba alrededor de los vagabundos igual que una bandada de moscardones de humo. Escarnecía sus olfatos. Remontaba. Ondulaba en curvas graciosas, para esquivar las pecunias del puente. Flotaba sobre el río, reflejando su tul de miasmas. Ascendía a los carriles, hilvanando los durmientes de quebracho. Jugaba entre el encaje férreo de las barandas. Y volando, volando, -terca bandada de moscardones de humo- el viento volvía a refregar la hediondez por sus narices. A beber el sudor de sus andrajos. A lamer la roña de los muros orinados.
- ¡Qué tufo!
- ¿En qué estercolero estamos?
- Paciencia, un poco de paciencia, ya pasará.
- Es el basural vecino. La “quema”, viejo…
El que leía, dejó el diario. Y le espetó con rabia:
- Usted siempre lo mismo. Tolerante con todo…
- Y… ¿Qué podemos hacer? Si fuese posible apagar la “quema”, meando en ella, iría. Hay que soportar… Seguí leyendo. Dentro de un rato la lluvia sepultará al fuego. (…)
Algunas reflexiones de los linyeras creados por Filloy en Caterva:
- Se dijo y se dice que el dinero no le cuesta nada a los gangsters. Qué es la esencia del delito. Diatribas. ¡Calumnias! No es así. El delito reside en la miseria general, explotada y mantenida por el bloque de vivillos que detentan el poder y los privilegios. La ley está en la liberación de ese dolor, en el alivio de su penuria, merced a la decisión de unos cuantos. ¡Que no les cuesta nada!... El peligro, el riesgo, lo álgido son las cosas mas caras del mundo, pues a menudo cuestan la vida. En tal sentido, frente al amarretismo y la cobardía de los magnates, que solo aventuran papeles - ¡por carta!-, cifras - ¡por telégrafo! – y títulos - ¡por radio!-, ¡que ejemplo de dignidad ofrecen los gangsters!
- Es tocante la pureza de los seres más abyectos. Tras haber chapaleado el infortunio, la deshonestidad, el delito, muestran en el regreso de la edad, como limpios espejos morales, zonas incontaminadas de la conciencia. ¡Es la venganza del tiempo! Del tiempo malogrado, que señala la clara vivencia de cualidades que fueron sojuzgadas en los primeros hervores de la juventud. El viejo Cronos gusta hilar fino: emociones sin nudos, pensamientos sin hilachas… De tal modo, el portador de cada alma inválida, insurge ante la evidencia de virtudes auténticas. Se contempla en ellas. Anhela atrasar el reloj de la vida. Pero ¡imposible! La decepción ya está en el rostro. Uno se infantiliza, entonces, en lacrimosas autocomparaciones. Y, perdonándose, afronta con ceño adusto las últimas escarpaduras, llevando como guía el prístino candor de la infancia.
- Sí, eso, si. Hacer bien y esconderse… Tender la mano al menesteroso y huir… ¿Por qué? Si cada cual, en vez de prodigar cascotazos al semejante, agotara su buena voluntad para el triunfo de los propósitos nobles, se edificaría para beneficio de todos una sociedad bien arquitecturada de bienestar. Dar, para el pobre, implica adelantar una obligación de esfuerzos y fatigas, siempre mal oculta en el número de sus tributos. Dar, para el rico, implica devolver lo apropiado ilícitamente en la “legal” especulación de su fortuna. Es tiempo ya de que los magnates se cercioren y los desheredados se convenzan de lo deleznable del dinero en la aspiración eterna de la felicidad. El dinero no sirve, hoy por hoy, más que para gastarlo en orgías de altruismo. En ellas se experimenta, en verdad, el deleite voluptuoso de borrar todas las privaciones del ahorro y todas las penurias del trabajo. La única satisfacción de la fortuna reside en extravasarla de la caja fuerte del egoísmo al cofre cordial de la comunidad. El personaje de Zola, que repetía, en su vejez torturada de riqueza: - ¡Hay que devolver! ¡Hay que devolver!, entrevía la verdadera justicia: La que consiste en reintegrarse al corazón de todos sin la infamia del hambre, la ignorancia y la miseria del prójimo. La que consiste en unirse al movimiento de superación de la humanidad con un aliento generoso de amor. Por eso, pobre o rico, la consigna no está en arrojar cascotazos sino en arrimar ladrillos… ¿Por qué, entonces, el sarcasmo que nos abruma si casualmente nuestro dinero fue a salvar del hambre a docenas y docenas de hogares; de la miseria física, a miles de criaturas, de la desesperación, a centenares de hombres? ¿Es crimen ser generoso? ¿ES CRIMEN SER GENEROSO?
- Saverio: Ser animador de las fuerzas nobles del individuo no es tarea fácil. Requiere la intuición de la triste armonía secreta que vincula a los seres – la necesidad – para educarla en normas de optimismo y erigirlas en órdenes de ventura.
No basta conocer el viejo oficio de ser hombre. La honradez, que es el espejo limpio donde uno se mira, es turbio azogue para muchos. No convence. Cada cual se cree mejor. Y todo se malogra. Porque la prosperidad de los pueblos radica en el equilibrio de su grandeza moral y la eficacia del esfuerzo. Porque el esfuerzo de la mayoría es submoral, inmoral, amoral.
Hay en la vida de la sociedad etapas de desdén y dejadez que no sintonizan con lo generoso de las intenciones. Conseguirlo, en la apoteosis más bella del altruismo, es la misión de los seres privilegiados. Pero ¡ay! el privilegio de esa misma superioridad es el lastre maldito del fracaso.
Su tragedia me conduele, querido Saverio. Poco importa su encarnación de virtudes próceres, de ejemplos gallardos, si abajo la grey masculla el rosario que le dan y la mansedumbre que le imponen. En el balance de la conciencia pública actual, usted siempre arrojará un déficit amargo. Es un gran crimen no saciar con beneficios inmediatos la esperanza de los desheredados. Pero un grande honor haberlo intentado; porque en los balances de la historia esos déficits se computan entre las fuerzas propulsoras de la humanidad.
Deje, entonces, que anticipe la gratitud del futuro en la expansión de mi sentimiento. Y con ello ponga un poco de bálsamo en su herida. ¡Porque la civilización ha recibido un nuevo lanzazo en su pecho lacerado y simbólico!
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De pronto, un impulso extraño incitó a “Katanga” a meterse en lo más suelto del guadal. Anduvo así, chapaleando en el polvo, con sadismo de niño y masoquismo de viejo. No midió en el acto la aberración que predominaba en él: Si el prurito de fastidiar o el placer de castigarse. Si secreta penitencia o mortificación exacerbada. Si fruición de cilicio o pesadumbre de escarmiento. Fueron minutos de completa obnubilación, tras los cuales salió su voz lo mismo que un sol bronco:
- Hay que llegar
por la disciplina de la indiferencia
a la gran sabiduría del abandono.
Hay que vencer
por la disciplina del abandono
a la gran tribulación de la miseria.
Hay que rendir
por la disciplina de la miseria
a la gran fortaleza de la muerte.
Hay que sobrar
por la disciplina de la muerte
a la gran indiferencia de la vida.
No habló más. Había hecho - semi-inconcientemente - el resumen aciago de un capítulo más de la caterva.
Ficha del libro
Nombre: Caterva
Año edición: 1.999
Editorial: Universidad Nacional de Río Cuarto
Cantidad de páginas: 367 pag.
Formato: 15 x 23 cm
http://www.unrc.edu.ar/unrc/publicaciones.htm