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Sinfonía de la luz entre lo vivo y lo muerto
Para ir hacia El Libro - Poesía
Escribe: Diego Formía. Sobre el libro Hospital de Marcelo Dughetti (poesía, Río Cuarto 2012, Cartografías Editora). Hospital acaba de presentarse en la ciudad de Córdoba en el marco de “La Furia del Libro” y se presenta el viernes 8 de junio, a las 20, en Libre Libro (Mitre 280) de Villa María.
Mientras leía Hospital de Marcelo Dughetti recordé una entrevista que hice - hace ya varios años - a un artista afín a las artes visuales; específicamente recordé el título de la entrevista: La instancia entre lo vivo y lo muerto. Título que decidí reeditar en partes porque no encontré mejores palabras para definir, desde mi lectura corta, la poética del villamariense Marcelo Dughetti. Además incorporé - sigo hablando del título - la idea de “La sinfonía de la luz” que corresponden al verso que abre y cierra este nuevo libro de Dughetti.

Si bien el artista plástico al que me refiero delinea momias, construcciones rotas de huesos, tótems, pájaros y peces desde sus estructuras descarnadas y esqueléticas, en la poesía de Marcelo Dughetti esa instancia entre la vida y la muerte se hace luz como conciencia del yo poético, la sinfonía de una luz que al mismo tiempo marca una condición tan intensa como trágica de la vida humana. En esta contingencia, algunos libros de Dughetti se recuestan más hacia la muerte, como en ese excelente libro que es El monte de los árboles sogueros (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2007) y en otros, como en el libro Los caballos de Isabel (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2009) en el que, sin dejar el tema, se recuesta en la luz vital que emana una niña sobre las sombras de la cotidianeidad. En el caso del nuevo libro, el hospital se establece como espacio - o metáfora - de esa instancia de contraste intenso y evidente.

La tapa de Hospital - propuesta gráfica de José Luis Ammann- encarna en una imagen el espíritu del libro. Una mancha de sangre surge de la cruz rota, construida por jeringas endebles y adheridas, en su cruce perpendicular, por un sello ícono cultural de la salud. Entre el fuerte ícono cultural y lo roto de las jeringas se encuentra la armonía del contraste, donde se levanta y se apaga “la sinfonía de la luz”, donde se encuentra la salud y la enfermedad, la cordura y la locura, la vida y la muerte.

“El niño cierra los ojos
para recordar la canción de la mujer.
las enfermeras repiten con voces de rata
los jingles de la radio
o cantan enamoradas
mientras se pasan como rugbiers profesionales
el frasco de formol
donde el feto descansa.”

Los poemas de Hospital en su mayoría son breves y funcionan como visiones fugaces, fulgurantes, de la percepción desecha entre lo real y lo ilusorio. Como nos advierte Pablo Dema en la contratapa: este espacio se reblandece y muta derretido por la fiebre del cuerpo y los sueños atroces de la poesía. Delirio visionario y humores de la corrupción física, pureza naciente y locura consumada son abrazados por la voz lírica.

“La osamenta del albatros sobre la madera abandonada.

Aun se puede oler el tabaco
de las pipas sobre los huesos del ala.

En las ventanas
que dan al jardín del infierno
las enfermeras lloran.

El barco se ha encallado partiendo las puertas,
las enfermeras lloran,
lloran y se abrazan,
y abrazan al niño que tiembla.

Veintiocho de octubre,
San Judas se parte.
La enfermeras corren desesperadas hacia la salida
y tapan la grieta de la gran puerta”